
Prácticamente el otoño se nos escapa sigilosamente, como de puntillas y sin hacer ruido. Las heladas de madrugada y los bancos más o menos espesos de niebla mañanera hacen acto de presencia y la humedad cala nuestros huesos y se mete en nuestras casas. Eso si, al mediodia el sol inundando de luz y de un suave calorcillo todo el entorno y la niebla ha levantado, en suspensión (como en volandas) esperando descender suavemente al caer la tarde.
Podemos ver las mimbreras bañadas de luz, o las telarañas cuajadas de escarcha, o los cardos humildes pero omnipresentes. También los resignados pinos negrales resistiendo las heladas orgullosamente


Y al final de la jornada llega el ocaso y se vislumbra el adios del sol en el horizonte y, quizás entonces, hasta vemos unos cisnes negros deslizándoseentre nuestros sueños.



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